Gestión del agua en empresas: cómo el tratamiento de efluentes fortalece su reporte ESG

Hace unos años, el término ESG era casi exclusivo del lenguaje financiero internacional. Hoy, cualquier director de operaciones, gerente de planta o responsable de cumplimiento en México lo escucha —y lo enfrenta— con regularidad creciente. La razón es concreta: en enero de 2025, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) publicó en el Diario Oficial de la Federación las nuevas Obligaciones de Reporteo ESG para Emisoras, alineando la normativa mexicana con los estándares internacionales NIIF S1 y S2. Las empresas listadas en bolsa debieron comenzar a recopilar información de sostenibilidad durante 2025 y presentar su primer informe formal en 2026.

Pero el alcance va más allá de quienes cotizan en bolsa. Según el informe de EY sobre el panorama ESG en Latinoamérica, 64% de las empresas en México ya integran estrategias ESG, y 84% de las 100 compañías con mayores ingresos en el país publican reportes de sostenibilidad. El mensaje que llega desde inversionistas, clientes corporativos y cadenas de suministro globales es el mismo: los criterios ambientales, sociales y de gobernanza ya no son opcionales ni decorativos.

Dentro del pilar ambiental, hay un indicador que se repite en prácticamente todos los marcos de reporte: el agua. No solo su consumo, sino su gestión integral: cuánta se capta, cuánta se descarga, qué calidad tienen esos efluentes y si la empresa tiene infraestructura para tratarlos. Para las industrias manufacturera, alimentaria, química, textil y muchas otras, esta pregunta tiene una respuesta técnica directa: contar con una planta de tratamiento de aguas residuales.

ESG es el acrónimo de Environmental, Social and Governance —en español, factores ambientales, sociales y de gobernanza. Es un conjunto de criterios que sirve para evaluar el desempeño no financiero de una organización y, cada vez más, para tomar decisiones de inversión, contratación y financiamiento.

El pilar ambiental (E) abarca desde las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo energético hasta la gestión de residuos y, de manera destacada, el uso del agua. Esta última ha cobrado especial relevancia en México por una razón que cualquier empresa que opere en el centro o norte del país reconoce sin dificultad: vivimos en un territorio con estrés hídrico severo en varias regiones. Según el INEGI, más del 70% del territorio nacional presenta condiciones de escasez o sequía. Eso convierte a la gestión hídrica en un riesgo operativo real, no solo en una variable de reporte.

Para los marcos internacionales más utilizados —GRI, SASB y CDP— el agua tiene indicadores específicos y obligatorios:

  • GRI 303 evalúa las interacciones de la empresa con el agua, incluyendo retiro total, consumo y calidad de descargas.
  • SASB incluye métricas sectoriales de consumo hídrico y porcentaje en zonas de estrés hídrico.
  • CDP Water Security solicita información sobre estrategia hídrica, riesgos en la cadena de valor y gestión de efluentes.

La ausencia de datos confiables en estos indicadores no solo debilita el reporte: puede disparar alertas en los sistemas de evaluación de riesgo que utilizan inversionistas y compradores corporativos.

El tratamiento de aguas residuales industriales no es únicamente un asunto de cumplimiento normativo. Cuando una empresa instala y opera correctamente una planta de tratamiento, genera datos medibles que se traducen directamente en indicadores ESG verificables:

Reducción de la carga contaminante descargada. Los parámetros como DBO₅ (Demanda Bioquímica de Oxígeno), SST (Sólidos Suspendidos Totales) y nitrógeno total son exactamente los que la NOM-001-SEMARNAT-2021 regula y los que los marcos GRI y CDP solicitan cuantificar. Una empresa que puede demostrar que sus descargas cumplen o superan los límites normativos tiene un argumento sólido en su reporte ambiental.

Reutilización del agua tratada. Varias industrias que implementan tratamiento avanzado logran recircular agua tratada en sus procesos —torres de enfriamiento, riego de áreas verdes, limpieza industrial—, reduciendo así su extracción de fuentes primarias. Este dato, expresado como porcentaje de agua reciclada sobre el total consumido, es un indicador de eficiencia hídrica directamente reportable bajo GRI 303-3.

Trazabilidad y consistencia de datos. Una planta de tratamiento bien operada incluye monitoreo continuo y bitácoras de parámetros. Esa información es la materia prima de un reporte ESG robusto: fechas, volúmenes, concentraciones, frecuencias de muestreo. Sin infraestructura de tratamiento, ese registro simplemente no existe.

Reducción del riesgo de contingencia ambiental. Un derrame o descarga fuera de norma puede traducirse en suspensión de operaciones, multas y daño reputacional. Las aseguradoras y los analistas ESG leen esos eventos como señales de riesgo operativo. Tener un sistema de tratamiento activo y documentado reduce esa exposición.

La sostenibilidad corporativa ha dejado de ser una narrativa de relaciones públicas para convertirse en un criterio de negocio. Tres tendencias concretas ilustran por qué el tratamiento de efluentes ya es —o pronto será— una ventaja competitiva para las empresas mexicanas:

Acceso a financiamiento verde. Los bancos de desarrollo y los fondos de inversión con mandatos ESG solicitan evidencia de gestión ambiental como condición para otorgar crédito o inversión. Una empresa que puede demostrar infraestructura de tratamiento y datos de desempeño hídrico tiene un diferencial real en esas negociaciones.

Requisitos en cadenas de suministro. Grandes corporaciones multinacionales —especialmente en los sectores automotriz, alimentario y farmacéutico— exigen a sus proveedores en México estándares mínimos de gestión ambiental. Muchas ya aplican cuestionarios de sostenibilidad a sus proveedores antes de renovar contratos. No contar con tratamiento de aguas puede traducirse en exclusión de esas cadenas.

Reputación ante reguladores y comunidades. En un entorno donde las inspecciones ambientales se han intensificado y la presión social sobre el uso del agua es creciente, demostrar una gestión responsable de efluentes construye capital institucional. Las empresas que anticiparon esta transición hoy la usan a su favor; las que la postergaron la enfrentan como un costo urgente.

Para una empresa que está construyendo o consolidando su estrategia de reporte ESG, vale la pena entender qué piden los principales marcos en materia de agua:

GRI (Global Reporting Initiative) es el estándar más utilizado en México y América Latina. El estándar GRI 303 sobre Agua y Efluentes solicita información sobre la política hídrica de la empresa, las fuentes de extracción, los volúmenes consumidos, las zonas con estrés hídrico y la calidad de las descargas. Es el punto de partida para la mayoría de las empresas que elaboran reportes de sostenibilidad por primera vez.

SASB (Sustainability Accounting Standards Board) va un paso más allá: define métricas financieramente materiales por sector. Para la industria de alimentos y bebidas, por ejemplo, el consumo de agua en regiones con estrés hídrico alto o extremo es un indicador específico. Para la química o la textil, los parámetros de efluentes tienen peso similar. Este enfoque sectorial hace que los datos sean comparables para los inversionistas.

CDP Water Security opera mediante un cuestionario anual que pregunta directamente sobre infraestructura de tratamiento, planes de contingencia hídrica y metas de reducción. Las empresas que responden a CDP obtienen una calificación que los inversionistas institucionales utilizan en sus análisis.

NIIF S1 y S2 (ISSB) son los estándares que la CNBV adoptó como obligatorios para emisoras en México a partir de 2025. El agua y su gestión forman parte de los riesgos climáticos físicos que estas normas exigen revelar, especialmente en sectores con alta dependencia hídrica.

NOM-001-SEMARNAT-2021 y el cumplimiento ambiental

La NOM-001-SEMARNAT-2021 —que entró en vigor en 2023, reemplazando la norma de 1996— establece los límites máximos permisibles de contaminantes en las descargas de aguas residuales a cuerpos nacionales: ríos, lagos, mares y suelos federales. Su cumplimiento es obligatorio para toda empresa o industria que genere efluentes líquidos, independientemente de su tamaño o sector.

La norma actualizada endureció los límites de parámetros clave como DBO₅, DQO, grasas y aceites, metales pesados y patógenos. Las empresas que tenían plantas diseñadas bajo la norma de 1996 debieron evaluar si sus sistemas seguían siendo suficientes —en muchos casos, no lo son.

El vínculo con ESG es directo: el cumplimiento de la NOM-001-SEMARNAT-2021 no es solo una obligación legal; es la base mínima del desempeño ambiental que cualquier reporte de sostenibilidad debe poder acreditar. Una empresa que no puede demostrar que sus descargas cumplen con la norma tiene un hueco significativo en su pilar ambiental, independientemente de cuánto invierta en otras iniciativas de sostenibilidad corporativa.

No todas las empresas parten del mismo punto. Algunas ya cuentan con infraestructura de tratamiento pero carecen de datos organizados para el reporte. Otras todavía no tienen sistema instalado y necesitan partir desde el diagnóstico técnico. En cualquier caso, el camino tiene pasos claros:

  1. Caracterizar el efluente actual. Antes de decidir qué tecnología de tratamiento se requiere, es necesario saber qué se está descargando: volumen, composición fisicoquímica, carga de DBO₅, SST, presencia de metales o compuestos específicos según el proceso productivo.
  2. Definir los indicadores ESG aplicables. Dependiendo del sector, el tamaño y la audiencia —inversionistas, clientes corporativos, reguladores— la selección de estándares varía. Lo que sí es transversal es la necesidad de datos medibles sobre consumo, descarga y calidad hídrica.
  3. Implementar o actualizar la planta de tratamiento de aguas residuales. La infraestructura es el requisito técnico base. Sin un sistema de tratamiento que funcione y genere registros, los indicadores son imposibles de sostener con evidencia.
  4. Establecer monitoreo continuo y bitácoras. Los datos de un sistema de tratamiento son el insumo directo de los indicadores GRI 303, CDP Water y los reportes bajo NIIF S2. La calidad del reporte ESG depende directamente de la calidad del registro operativo.
  5. Integrar la gestión del agua en empresas a la narrativa de sostenibilidad corporativa. Los datos técnicos necesitan contexto estratégico: metas de reducción, porcentaje de agua reutilizada, comparativa sectorial. Esas respuestas convierten un dato operativo en un activo de reporte.

La gestión del agua en empresas ha cruzado el umbral que separaba la responsabilidad ambiental voluntaria de la obligación estratégica. En México, la combinación de estrés hídrico territorial, una normativa de descargas más exigente y requisitos de reporte ESG que ya son obligatorios para las empresas listadas —y referencia para todas las demás— hace que la pregunta ya no sea “¿debemos tratar nuestros efluentes?” sino “¿cuándo y cómo lo hacemos de manera que aporte valor al negocio?”

Las empresas que toman esta decisión con visión de mediano plazo no solo cumplen. Construyen un activo de reporte, reducen su exposición regulatoria y se posicionan mejor frente a los criterios de selección que hoy aplican inversionistas, compradores corporativos y fondeadores.

¿Su empresa está lista para integrar la gestión hídrica a su estrategia ESG?

En Aclara, con más de 25 años de experiencia en diseño y suministro de plantas de tratamiento de aguas residuales en México, acompañamos a las empresas desde el diagnóstico técnico hasta la operación del sistema. Si quiere evaluar cómo una solución de tratamiento puede fortalecer su desempeño ambiental y su reporte de sostenibilidad corporativa, estamos disponibles para una consulta sin costo.

WhatsApp: +52 777 103 3969

Sitio web: aclara.mx

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